El Observatorio de Mauna Loa, en Hawái, registró el pasado 7 de marzo una concentración de dióxido de carbono en la atmósfera de 430,6 partes por millón.
Web oficial del observatorio de Mauna Loa
En un nuevo y preocupante hito para el planeta, la concentración de gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera ha superado, por primera vez en la historia registrada, las 430 partes por millón (ppm).
Los otros gases de efecto invernadero monitoreados periódicamente como el metano (CH₄), óxido nitroso (N₂O) y el hexafluoruro de azufre atmosférico (SF6) tampoco dejan de aumentar.
¿Pero qué significa superar los 430 ppm?
La medición proviene de estaciones de monitoreo atmosférico de referencia, como la del Observatorio de Mauna Loa en Hawái, y representa la acumulación de gases que atrapan el calor en la atmósfera terrestre. El CO₂ sigue siendo el más abundante y peligroso de estos gases, superando ya los 420 ppm de forma constante. El metano, aunque en menores cantidades, es más de 80 veces más potente que el CO₂ en su capacidad de atrapar calor a corto plazo, y también ha alcanzado niveles récord.
Superar los 430 ppm es un umbral simbólico y científico: acerca al planeta peligrosamente a escenarios de aumento de temperatura superiores a 2 °C en 20/25 años lo cual implica eventos climáticos extremos más frecuentes, pérdida de biodiversidad, afectación a cultivos y migraciones forzadas por causas ambientales.
Superar los 430 ppm no es solo un dato técnico: es una señal clara de que el tiempo para actuar se agota, y las recientes políticas de relajamiento e incluso de retroceso en la acción climática no solo resultan irresponsables, sino peligrosamente desconectadas de la realidad científica y ambiental que enfrentamos. Cada año perdido agrava el desafío. Actuar con ambición y urgencia ya no es una opción: es una necesidad vital.